jueves, 5 de marzo de 2009

En los arrozales de Longji





Luego de Yangshuo el destino siguiente fue las montañas de los arrozales de Longji Para llegar allí tuvimos que tomar con mi amigo fotógrafo un bus interurbano hasta Longsheng. Esta ciudad es la ciudad más grande que queda cercana al lugar pero es a unos diez kilómetros de las montañas y cómo muchas veces sucede en China, eso lo supimos cuando ya íbamos arriba del bus. Allí nos enteramos que el bus no nos dejaría en el lugar mismo si no en la carretera donde tendríamos que tomar otro “bus” para llegar a Longji. Arriba del bus este comienza poco a poco a llenarse y empiezan aparecer los asientos de plástico tipo terrazas para que la gente se sienta donde pueda. Yo por suerte tengo asiento. Los chinos se suben con todo tipo de mercancías y el bus se detiene cada cinco minutos por lo que un viaje de hora y media se trasforma en un viaje de tres horas (después descubrimos que había un bus express , cómodo, rápido y sólo 8 yuanes más caro) .

Cuando nos bajamos en el medio del camino entre Longsheng y Longji aparece inmediatamente un pan de molde y nos ofrece llevarnos por cincuenta yuanes. El viaje de tres horas nos había costado lo mismo y esté viaje se supone duraría unos 20 minutos. Es decir, nos estaba engañando. Esto quedó más en evidencia cuando le digo que le pagaremos cuarenta yuanes y el conductor inmediatamente accede al descuento. Nos subimos y comenzamos a entender a donde vamos, a un pueblo llamado Pingan, el cual es uno de los dos principales que se encuentran en la montaña de Longji. En este lugar se encuentran dos de las cinco famosas terrazas de arroz. Las cuales se llaman una “Nueve dragones y cinco tigres” y la otra “Siete estrellas acompañando a la luna” nombres místicos que a los chinos les encantan.

Desde unos cinco kilómetros antes de llegar a Pingan hay que pagar un ticket de cincuenta yuanes para entrar a todo el complejo. El camino va lateral al río y comienzan a aparecer las construcciones típicas de la zona. Casas de maderas muchas con palafitos tipo Chiloé. Además se ven las vestimentas tradicionales de las minorías Yao, Miao y Zhuang que habitan la zona. Luego el camino comienza a subir la montaña un buen rato hasta que llega a Pingan. Pingan es un pueblo metido entre las dos plantaciones de arroz mencionadas anteriormente. Las casas son de considerable tamaño. En general son las casas de familias que se convierten en hoteles cuando llega alguien y tienen bastantes piezas. En algunas debajo de ellas se encuentran los animales, gallinas y chanchos principalmente. El lugar es bastante turístico pero no por ello deja de ser muy tradicional. Además en la época que yo lo visité no es alta temporada. Por lo tanto, a mi alrededor no veo más turistas occidentales ni nadie que habla inglés lo cual obliga a hablar en chino. El mandarin lo hablan estas minorías casi tan mal como yo lo habló por lo tanto es más fácil entenderse. Una señora nos recibe y nos ofrece alojamiento y otras tanto, hasta el cansancio, nos incitan a comprar souvenires. Aceptamos ver el lugar que nos ofrece y caminamos , hay que subir un buen rato y llevamos mochilas grandes , la señora de unos 50 años nos ofrece llevarlas ella, estoy seguro que no le costaría nada llevarlos pero por dignidad no aceptamos. En la subida aprovecha de ver una de las delicias del Pingan: Ratas. Sin embargo , no hay tiempo para comer pero luego las degustamos. El lugar del alojamiento es su casa y nos parece bien nada muy elegante. Baños chinos , una cama más blanda que la de mi universidad, unas paredes y ventanas por donde se filtra el viento , pero una vista espectacular al pueblo y los arrozales. Ese día salimos a visitar un poco pues ya se esta haciendo de noche, caminamos por el pueblo, por las callejuelas y escaleras apiñadas y por los campos de arroz. Cuando ya se hizo de noche volvimos pues no era difícil perderse en al mitad de ese pueblo donde todos los lugares parecen iguales.

Cuando llegamos a la casa nos ofrecen algo para comer y aceptamos la especialidad de la casa arroz en bambúes. Esa noche hablé mucho con la familia y comimos en la cocina a la luz de un fogón puesto debajo de los pedazos de cerdo que cuelgan desde el techo. El arroz está muy rico. Mientras conversamos me doy cuenta que en la casa viven tres generaciones. La abuela, la señora de cincuenta que nos fue a buscar, y el abuelo. Dos hijas, una casada con dos hijos un niño pequeño y una niña de 16 que parece de 12. Ella habla un poco de inglés pero no nos da mucha bola ni se muestra cordial como el resto no tiene intenciones de rendirle pleitesía a los extranjeros. Luego de que la madre la abuela la obliga, acepta llevar de mala gana a mi amigo al único cibercafé del lugar.

En el fogón la conversación se torna interesante contamos de nuestras vidas e intercambiamos conocimientos. Ella me cuenta que tiene una amiga muy triste porque su hijo se fue a vivir a África. Ella quiere saber donde queda este lugar del que sólo sabe que hay gente de piel negra. Me pregunta si Francia queda ahí, trató de nombrarle un país pero no reconoce ninguno. No la culpo (en Chile tenía alumnos con un muy buen pasar , con Internet y todas las comodidades y en las pruebas me ponían que China quedaba en América¡¡¡) África para ella es casi otro planeta. Luego me cuenta que ella nunca ha salido de la montaña no ha ido ni a Longsheng menos a Guilin.

Al día siguiente decidimos hacer la caminata que Lonely Planet dice que dura cuatro horas y que hay que ir con un guía para hacerla porque uno se puede perder. Nuevamente digo: “Los guías son para los hue…” y decidimos ir solos. Mi amigo confía en su sentido de orientación y yo en mi chino básico. El único problema es que cuando decidimos hacer esto nos damos cuenta que ya estamos en camino no tenemos comida ni agua y según lo que dice Lonely Planet esto es para profesionales del trekking. Si queremos volver a comer algo tenemos que ir a Pingan de vuelta. Pero ya estamos arriba de la montaña desde donde vemos Pingan hacia abajo por lo cual eso significa bajar y subir de nuevo. Buda me vuelve a ayudar y me da una mano. Vemos una casa en construcción y me meto en ella, escucho ruido y dos personas hablando. No quiero meterme directamente en la pieza e interrumpir quizás un momento romántico en plena montaña china. En eso aparece un señor y le preguntó si tiene algo para tomar. Me lleva a su cocina que está sin muros y de un refrigerador saca dos botellas de aguas y un té. Es todo lo que tiene. Se las compramos. Luego le preguntó si tiene algo para comer y tiene unas galletas de helado, unas calugas de coco y otro tipo de galletas. Las compramos todas pues no sabemos donde será el lugar más cercano para comer.

Así comenzamos la caminata rumbo al primer pueblo que se supone aparecerá en el camino que se llama Zhongliu. El recorrido va por entremedio del bosque y las terrazas de arroz que aparecen a cada rato y se ven por todos los alrededores incluso en montañas lejanas. En el camino nos vamos topando con diferentes personas pertenecientes a estas minorías los cuales llevan inimaginables pesos y avanzan ligera y rápidamente por el camino. Todos nos ofrecen souvenirs y eso ya te empieza a cansar, pero hay que agradecer que ellos te van guiando por el camino. Luego de una hora de caminata aparece una señora que nos ofrece comida en el pueblo de Zhongliu. Estamos muertos de hambre y aceptamos. Estamos todavía a media hora del pueblo, o sea ella camino media hora sólo para buscar gente y ofrecerles una comida y ganarse su dinero, el esfuerzo valió la pena pues se los ganó. Además ofreció que le sacáramos fotos a su pelo largo en una cascada. Todo lo folclórico que los turistas quieren y ahí estoy como gringo tomando fotos a estos tipos tan “pintorescos”. Entramos al pueblo de Zhongliu y lo primero que veo es a los hombres del pueblo jugando cartas. Eso mientras ella camino media hora por las montañas. Llegamos a la casa y está es muy parecida a la otra aunque un poco más humilde. Nos ofrece por 20 yuanes cada uno una comida. Es muy caro para la zona pero aceptamos y le digo que me de harta comida eso si. Ella cumple me muestra un pedazo de cerdo y me dice que ese comeremos. El único problema es que ellos se comen la grasa y no la carne, así que como toda la grasa que necesito creo por el resto de mi vida. Luego de quedar llenos nos ofrece nuevamente souvenirs, mi amigo le compra una cadena y continuamos camino hacia las otras terrazas. En el camino el paisaje es similar y cada cierto rato te encuentras con pueblos similares todos muy lindos. El último pueblo que llegamos, que es a la vez el más grande, Dazhai, es desde donde se supone podemos tomar un bus de vuelta hacia Pingan pues no queremos caminar tres horas de vuelta y de noche. En este lugar encontramos más turistas y muchos más vendedores de artesanía. Son las cuatro y hay que esperar hasta las cinco para el último bus. Lo tomamos pero este no llega a Pingan si no que no nos deja al borde del camino que queda al lado del río pero no sube el empinado camino que llega hasta Pingan. Preguntamos a un conductor de un bus que viene de vuelta de Pingan a qué hora pasa el siguiente bus con destino a Pingan y nos dice que en un hora más. Entonces se nos ocurre detener a los panes de molde para que nos lleven pero todos nos ven la cara de hue…occidentales y no cobran mucho, y tampoco aceptan el regateo. Entonces decidimos hacer dedo a los turistas chinos. Paramos a uno y le intentó hablar en chino pero no me logro comunicar bien y el tipo nos deja hablando solos. Luego decidimos no hablar más en chino y solamente decir el nombre de donde queremos ir. Un auto para, gritamos Pingan¡¡ Pingnan¡¡ y nos sube. Mi amigo me dice muy contento que es cierto, se puede hacer dedo en China. Yo le digo que no se confié que en China nada es gratis auque por un momento dudo de ello, no obstante el tiempo me da la razón y cuando nos bajamos nos cobra 10 yuanes. En verdad no era nada y nos salvó. Pero era necesario cobrarte mil pesos, cuando vas con toda la familia en el auto, de vacaciones y más encima si eres un chino que va ese lugar, ergo un chino con un buen pasar. Diferentes códigos y costumbres sin duda. Al día siguiente bien temprano tomamos un bus con destino a Longsheng y desde ahí tómanos, ahora si el Express a Guilin. Y colorín colorado este cuento ha terminado.