jueves, 24 de septiembre de 2009

Viaje de verano. Capítulo uno: Las "ciudades antiguas" de Dali y Lijiang


Uno de mis primeros destinos del viaje de verano fueron las ciudades de Dali y Lijiang en la provincia de Yunnan. Ambas urbes son polos turísticos muy famosos de China y a ellas llega gente de todos lados para apreciar la belleza de estas “ciudades antiguas”. Como siempre, uno saca lecciones de los viajes y en este caso en específico la visita me sirvió para conocer lo que realmente es, en un 80% por ciento de los casos, una ciudad antigua en China. Así también me enseñó que es lo que hay que hacer para sacarle provecho esta situación: esto es alejarse cuanto antes de los límites de la ciudad, la cual realmente no es antigua sino un gran mercado de souvenirs e ir en busca de las verdaderas ciudades antiguas que están a las afueras y que quién sabe, debido a la expansión del turismo, por cuanto tiempo más lo continuaran siendo.

Dali fue la primera ciudad que visité. Está se allá al norte de Kunming(capital de la provincia de Yunnan) y llegué a ella en un tren nocturno que toma alrededor de nueve horas. Lo primero que uno ve de la ciudad antigua son sus grandes murallas, seguramente construidas hace unos diez años cuando este lugar se comenzó a convertir en un centro turístico y paraíso para mochileros de ese tiempo (hoy en día hay mochileros pero también oleadas de tours occidentales y chinos). Cuando atravesamos el umbral de la muralla entramos al mall que hay ahí. En vez de ciudad antigua miles de tiendas de souvenires y restaurantes nos dan la bienvenido deseosos por recibir nuestras inversiones. También hay minorías vestidas con trajes mandados a hacer antesdeayer que te reciben para que te saques fotos con ellos. Previo pago de una módica suma. En conclusión, si bien es linda la ciudad porque si hay algo que saben los chinos es hacer las cosas lindas, no tiene ni un brillo en cuanto a originalidad se refiere. De auténtico nada. Ahora bien la locación del lugar hace que el viaje valga la pena. Por el Este una montaña y por el Oeste el lago Erhai nos entregan vistas maravillosas del lugar. Además los cielos azules y con nubes de Yunnan(como en todos lados de la provincia) más el verde de sus terrenos hace un contraste maravilloso que no se puede dejar de disfrutar.

El lugar histórico de mayor valor en las inmediaciones de la ciudad son las tres pagodas de la dinastía Tang, las cuales cuentan con múltiples reparaciones a lo largo de las dinastías. Estas aún pueden verse levantadas frente al lago Erhai y a sus espaldas con las montañas. Para entrar a ellas el precio es cuanto menos exagerado, me atrevo a decir ,120 yuanes(11.000 mil pesos, 6 mil estudiantes) por persona. Esto es mucho si se piensa que es más caro que sitios emblemáticos de China y por cierto mucho más impresionantes (por nombrar algunos la Muralla China, el Palacio imperial y los Guerreros de Terracota). No obstante, el precio no solamente te da acceso a las tres pagodas sino también a un templo hecho hace dos años a las espaldas de la pagoda. Una muestra gigantesca del budismo de espíritu de parques de diversiones que inunda por algunos momentos a China. Nunca me había tocado en China hasta el momento un templo tan grande pero al mismo tiempo de tan mal gusto. Todas las estatuas de Budas , Boddhisatvas y Arhats doradas y de tamaños gigantes( a la entrada de cada uno te contaban cuanto se había gastado en cada una de ellas en dinero , bronze y cobre…bueno al menos ahí está nuestro cobre). La guinda de la torta es la música ambiental de meditación que te ponen para sentir la calma del lugar. Después de pagar tanto dinero no duden que no intenté obtener la iluminación.


Tres pagodas Dali.


Sin embargo, cuando uno cree que todo está perdido y sólo queda conformarse con el paisaje, los contrastes de China siempre te ofrecen algo. Aprendiendo la lección de alejarse rápidamente de las “ciudades antiguas” tomé la bicicleta y salí de la ciudad. Ahí, ya no más turistas, al menos no grupos de estos, y la libertad para dar vueltas, por las aldeas aledañas, caminar por los campos de arroz y compartir con la gente del campo, o intentarlo simplemente debido al terrible mandarin que hablan. En el campo a las afueras de la ciudad además de paisajes maravillosos, tienes la oportunidad de ver casa antiguas y la verdadera vida del campo sumergida en la tradición. Pese a ello también se puede apreciar como un incipiente turismo de souvenirs se ve venir y no sería extraño que en los próximos años todo lo que ví ya no esté más ahí.


Campos de Dali


La experiencia de Lijiang no es muy distinta de la relatada antes en Dali. Esta ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco( Me pregunto: ¿quién habrá sido el comité evaluador? o ¿quizás hace diez años era diferente Lijiang?) Esta “ciudad antigua” sin lugar a dudas en su construcción más hermosa que Lijiang. Llena de callejones de piedras resulta bastante fácil perderse ( me perdí de hecho buscando mi hostel en la noche) y uno puede pasar largas horas caminado por ella como si lo hiciera en un laberinto. Si se quiere hacer esto, es muy recomendable en la mañana o en la noche para no toparse con las hordas de turistas que como yo la visitan. Ahora bien, debido a que es más bella y grande que Dali el comercio es por lo tanto aún mayor. Aquí no vive nadie realmente. Todas las casas que en algún momento fueron casas antiguas, un porcentaje muy pequeño pues la ciudad se encuentra ampliamente reconstruida, son tiendas de recuerdos, restaurantes, hoteles o lo más aberrante discotecs que hacen que la ciudad parezca por las noches en ciertos sectores el barrio suecia ( no lo digo por mi casa por supuesto).


Lijiang

Calles de Baisha

Como ya había aprendido la lección en Dali raudamente tomé la bicicleta y partí hacia los pueblos vecinos incrustados en el campo chino. En el primero que llegué no me fue muy bien pues era otra “ciudad antigua”, pero en el siguiente la suerte fue mejor. A unos diez kilómetros de Lijiang se ubica el pueblito de Baisha una verdadera ciudad antigua, aunque con algún incipiente despliegue turístico. Sin embargo, este no alcanza para quitarle la autenticidad al lugar y no sentirte entusiasmado de poder estar dando vueltas por aquellos remotos lugares. Aquí se ven a la viejitas vestidas con sus trajes tradicionales y los hombres acarreando los bueyes mientras se van metiendo dentro de los bosques y valles de las zonas. Además hay sitios históricos de incalculable valor. Unos frescos budistas que datan de la dinastía Ming. Para entrar a ellos hay que pagar 3.000 pesos (mitad de precio estudiante) pero aquí nos llegó nuevamente el aire de Lijiang puesto que hay que pagar 80 yuanes (7.000 pesos) por el ticket de “conservación de la ciudad de Lijiang”. Así, si quieres entrar a cualquiera de los lugares a los cuales de por si tienes que pagar entrada también tienes que pagar el ticket de “conservación” de Lijiang. ¡Todo sea por preservar a la “vieja Lijiang”!. Ahí está mi dinero ahora. Seguramente en otra tienda de souvenirs que abrirá al próximo año.

En Dali y Lijiang conversando con la gente de las minorías todos me decían que ahora debido a todo este boom turístico vivían mejor que antes, lo cual en todo caso no es muy difícil por razones obvias y que por obvias razones y valga la redundancia omitiré. Sin embargo, ese vivir mejor ha significado convertir a su cultura y productos en una atracción turística donde salvo en las afueras, y no sé por cuento tiempo más, queda su verdadera cultura y tradiciones. Su cultura como en tantos otros casos hoy en día se transa en el mercado y no se les puede criticar por ello después de todo en el mundo lo importante es sobrevivir ¿no? ¿Y si el agua tiene precio en el mercado por qué no la cultura? Está historia continuará….

Próximo número (del viaje). Capítulo dos: Shangrila.