Luego de Emeishan seguí en mi peregrinaje budista con destino al buda gigante de Leshan. Este es el Buda sentando más grande el mundo, el cual se comenzó a construir en el año 713 y fue terminado casi cien años después durante la época de la dinastía Tang.
Llegar ahí es bastante sencillo desde Emeishan pues está a solamente una hora y es parte del circuito turístico de la región. De hecho hay muchos viajeros que solamente hacen el recorrido por un día y luego vuelven a Emeishan o Chengdu. En mi caso yo seguía de viaje hacia el este por lo cual me quedaba de camino. Es por ello que me fui con todas mis cosas para alojar en la ciudad de Leshan. Apenas llegué dejé mi mochila grande en el terminal de buses pues no quería acarrearla y solamente continué con mi equipaje de mano para dormir una noche en Leshan y luego seguir mi viaje.
La ciudad de Leshan no es fea, pero aparte del Buda Gigante hay poco para ver que valga la pena realmente como para pegarse el viaje, por lo cual inmediatamente partí al Buda Gigante donde esperaba gastar todo el día. Con un calor insoportable de 35 grados y una humedad de un 200 por ciento llegué a la entrada del Buda. Cerca de la entrada algunas estatuas de budas esculpidas dentro de cuevas preanuncian la máxima atracción del lugar. Lamentablemente lo arcilloso del terreno ha llevado a la erosión de muchas de ellas y en algunas sólo se vislumbran sus siluetas.
Siguiendo la escalera, atravesando las infaltables tiendas de souvenirs, se llega al Buda Gigante (Dafo大佛, como se lo conoce en chino). Lo primero que se ve es su cabeza pues no hay manera de llegar por sus pies a menos que sea en barco, por ello si uno lo quiere ver entero debe descender nuevamente. El lugar está plagado de gente y la cola para verlo es gigantesca y avanza lenta ante un calor insoportable, saco una toalla una y otra vez para sacarme el sudor y es como si no lo hiciera pues vuelvo a transpirar inmediatamente. Me acompaña un indio que conocí ahí. Cuando comienzan las escaleras que llevan por una ladera de Dafo, la situación se vuelve insoportable, pues para la cantidad de gente que hay es una escalera estrecha. Además de esto las chinas sacan sus paraguas en busca de que el sol no broncee su piel y les quite el atractivo. Así entre gente, paraguas y calor la experiencia de ver al Buda sentado más grande del mundo se vuelve realmente difícil. Sin embargo, la emoción no se va y mientras bajas, rodeado por relieves budistas en las murallas, comienza a aparecer toda la magnitud del Buda.
Si ya te habías quedado impresionado al ver su cabeza, más impactante es ver sus manos y pies y verlo completamente sentado ahí. Llego a sus pies y lo contemplo. Es imposible tomarlo entero en una foto pues la plataforma no da la distancia para hacerlo, esto debido a que el Buda queda justo en la ribera del río Min esculpido en las laderas de este. Por lo mismo no se puede ver a los dos guardianes que están a sus costados. Para ello hay que pagar uno de lo barcos que cuestan entre 5000 y 10000 pesos dependiendo de cuanto rato paren frente al Buda y por donde pasen.
Mi primera pasada es bastante rápida pues te obligan a seguir para que no haya un atochamiento de gente. Alcanzo a sacarme las fotos de rigor pero quedo con gusto a poco al tener que verlo tan apurado y con un calor insoportable. Salgo por unas cuevas que te llevan al otro lado del parque del Buda Gigante. Dentro del mismo parque todavía hay un par de cosas que ver, aunque nada que se compare al Buda. Una pagoda, otro parque temático budista y un templo son parte de mi recorrido. Son recién las cuatro y media de la tarde y no tengo nada más que hacer. Entonces tomo la mejor decisión, decido no salir del parque hasta que este cierre (a las 7:30 de la tarde) y quedarme a ver al Buda cuando no haya gente. Hago hora por ahí conversando con algún chino y a las 6 vuelvo al Buda. Ya no hace tanto calor y casi no hay gente. Las escaleras que antes bajé en media hora ahora las desciendo en un minuto.

Todavía quedan algunos turistas chinos a los pies del Buda. Unos letreros en las uñas del Buda piden por favor que no lo toquen ni se suban en él. Basta que salga esto para que no sólo le toquen la uñas sino que se encumbren sobre sus pies de 1.200 años y se saquen fotos sobre ellos. Les enseño el cartel ante mi enojo pero ellos creen que es una broma, deben haber pensado que chistoso el “Lao Wai” (extranjeros en lenguaje coloquial), nos dice algo que nadie señala acá, por lo cual solamente se ríen. Una media hora después se han ido. Son las siete y está atardeciendo, estoy solo frente al Buda sentado más grande del mundo, de 1.200 años de antigüedad. Majestuoso, Da Fo mira el atardecer sobre el río Min como lo ha hecho por los últimos XII siglos. Esta vez un pequeño viajero, con la piel de gallina y el corazón acelerado, del otro lado del mundo le hace compañía mientras el sol señala el fin del día. Agarra su diario de viaje y escribe en su horrible caligrafía que lo ha acompañado toda la vida:
Llegar ahí es bastante sencillo desde Emeishan pues está a solamente una hora y es parte del circuito turístico de la región. De hecho hay muchos viajeros que solamente hacen el recorrido por un día y luego vuelven a Emeishan o Chengdu. En mi caso yo seguía de viaje hacia el este por lo cual me quedaba de camino. Es por ello que me fui con todas mis cosas para alojar en la ciudad de Leshan. Apenas llegué dejé mi mochila grande en el terminal de buses pues no quería acarrearla y solamente continué con mi equipaje de mano para dormir una noche en Leshan y luego seguir mi viaje.
La ciudad de Leshan no es fea, pero aparte del Buda Gigante hay poco para ver que valga la pena realmente como para pegarse el viaje, por lo cual inmediatamente partí al Buda Gigante donde esperaba gastar todo el día. Con un calor insoportable de 35 grados y una humedad de un 200 por ciento llegué a la entrada del Buda. Cerca de la entrada algunas estatuas de budas esculpidas dentro de cuevas preanuncian la máxima atracción del lugar. Lamentablemente lo arcilloso del terreno ha llevado a la erosión de muchas de ellas y en algunas sólo se vislumbran sus siluetas.
Siguiendo la escalera, atravesando las infaltables tiendas de souvenirs, se llega al Buda Gigante (Dafo大佛, como se lo conoce en chino). Lo primero que se ve es su cabeza pues no hay manera de llegar por sus pies a menos que sea en barco, por ello si uno lo quiere ver entero debe descender nuevamente. El lugar está plagado de gente y la cola para verlo es gigantesca y avanza lenta ante un calor insoportable, saco una toalla una y otra vez para sacarme el sudor y es como si no lo hiciera pues vuelvo a transpirar inmediatamente. Me acompaña un indio que conocí ahí. Cuando comienzan las escaleras que llevan por una ladera de Dafo, la situación se vuelve insoportable, pues para la cantidad de gente que hay es una escalera estrecha. Además de esto las chinas sacan sus paraguas en busca de que el sol no broncee su piel y les quite el atractivo. Así entre gente, paraguas y calor la experiencia de ver al Buda sentado más grande del mundo se vuelve realmente difícil. Sin embargo, la emoción no se va y mientras bajas, rodeado por relieves budistas en las murallas, comienza a aparecer toda la magnitud del Buda.
Si ya te habías quedado impresionado al ver su cabeza, más impactante es ver sus manos y pies y verlo completamente sentado ahí. Llego a sus pies y lo contemplo. Es imposible tomarlo entero en una foto pues la plataforma no da la distancia para hacerlo, esto debido a que el Buda queda justo en la ribera del río Min esculpido en las laderas de este. Por lo mismo no se puede ver a los dos guardianes que están a sus costados. Para ello hay que pagar uno de lo barcos que cuestan entre 5000 y 10000 pesos dependiendo de cuanto rato paren frente al Buda y por donde pasen.
Mi primera pasada es bastante rápida pues te obligan a seguir para que no haya un atochamiento de gente. Alcanzo a sacarme las fotos de rigor pero quedo con gusto a poco al tener que verlo tan apurado y con un calor insoportable. Salgo por unas cuevas que te llevan al otro lado del parque del Buda Gigante. Dentro del mismo parque todavía hay un par de cosas que ver, aunque nada que se compare al Buda. Una pagoda, otro parque temático budista y un templo son parte de mi recorrido. Son recién las cuatro y media de la tarde y no tengo nada más que hacer. Entonces tomo la mejor decisión, decido no salir del parque hasta que este cierre (a las 7:30 de la tarde) y quedarme a ver al Buda cuando no haya gente. Hago hora por ahí conversando con algún chino y a las 6 vuelvo al Buda. Ya no hace tanto calor y casi no hay gente. Las escaleras que antes bajé en media hora ahora las desciendo en un minuto.
Todavía quedan algunos turistas chinos a los pies del Buda. Unos letreros en las uñas del Buda piden por favor que no lo toquen ni se suban en él. Basta que salga esto para que no sólo le toquen la uñas sino que se encumbren sobre sus pies de 1.200 años y se saquen fotos sobre ellos. Les enseño el cartel ante mi enojo pero ellos creen que es una broma, deben haber pensado que chistoso el “Lao Wai” (extranjeros en lenguaje coloquial), nos dice algo que nadie señala acá, por lo cual solamente se ríen. Una media hora después se han ido. Son las siete y está atardeciendo, estoy solo frente al Buda sentado más grande del mundo, de 1.200 años de antigüedad. Majestuoso, Da Fo mira el atardecer sobre el río Min como lo ha hecho por los últimos XII siglos. Esta vez un pequeño viajero, con la piel de gallina y el corazón acelerado, del otro lado del mundo le hace compañía mientras el sol señala el fin del día. Agarra su diario de viaje y escribe en su horrible caligrafía que lo ha acompañado toda la vida:
7 de agosto de 2009
“ …No puedo dejar de mirarlo mientras el sol y el día se va, él parece inquebrantable al paso del tiempo, las grandes dinastías del pasado , Tang , Song, Yuan , Ming y Qing pasaron y él continua ahí, 71 metros, sentado apaciblemente, mirando al horizonte sobre la confluencia de dos ríos en la ciudad de Leshan. Alucinante, las palabras se me quedan cortas, una de las construcciones más imponentes que he visto en China”.
Al terminar de escribir esto un guardia del lugar sorprendido de que todavía quede alguien ahí me avisa que ya han cerrado y debo irme, abre nuevamente las puertas de la escalera y me retiro.
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