A las 8 de la mañana partí a Emeishan. Tras 6 horas de viaje llegué al terminal de buses. Por supuesto, como ya lo sabía según la Loney Planet, la montaña no quedaba a la mitad del pueblo, sino que había que tomar un taxi para llegar hasta ahí. Sin embargo, al intentar obtener un taxi surgió un problema. Los taxistas me decían que ellos no iban hasta allá pues este lugar quedaba muy lejos. Sin entender mucho, volví a la central de información turística del terminal (en chino por supuesto) y ahí me explicaron que era lo que pasaba. Todo había sido un problema del chino y sus caracteres. Yo no estaba en el pueblo de Emei Shan (俄眉山) sino en el pueblo de Meishan (眉山) es decir, ese sonido “E” (que por lo demás en chino significa tener hambre) hacía la diferencia. Para llegar a Emeishan había que tener conciencia de tres lugares distintos. Uno la ciudad de Meishan, a una hora del pueblo de Emeishan a pocos pasos de la montaña del mismo nombre.
Aunque por un momento pensé que estaba en cualquier lugar lejos de la montaña, el problema no era mayor, solamente había que tomar una especie de colectivo junto a otras personas para llegar al lugar. En una hora estaba en el pueblo de Emeishan. Ahí lo primero como siempre cuando se llega a un lugar es buscar alojamiento. Nuevamente en esta tarea sigo a la Lonely Planet. El lugar señalado se llama “Teddy Bear” y es el más recomendado por los mochileros. Por lo mismo obviamente se encuentra repleto y no tengo alojamiento. El dueño del local un chino hippie con colita tipo “Padawan” con un inglés bastante rústico que se nota aprendido a la fuerza debido a tanto extranjero que va al lugar, me ofrece una pieza en un hotel del frente, el cual también pertenece a él. Esta cuesta unos ocho mil pesos (mi alojamiento más caro de este viaje). Luego de tanto caer en el Tíbet en lugares bastante malos acepto pagar esa cantidad de dinero por un buen día de descanso. Esto pensando que al día siguiente me tengo que levantar temprano a subir la montaña.
Esa noche ceno en “Teddy Bear” y Teddy, el chino hippie, me muestra el lugar orgulloso de ver como partió siendo solamente un pequeño restaurante y se convirtió en un hostel de los buenos. Es decir, buenas camas, sábanas limpias, baños limpios, agua caliente, baños occidentales, comida occidental, buena atención, internet gratis y una bodega para dejar tu mochila para que te la cuiden mientras subes la montaña ya sea por un día o dos, hacen de este lugar el mejor campamento base. Tan famoso se ha vuelto el lugar que incluso te venden vasos, jarros, poleras, toallas y sacos de dormir con el nombre y el logo del lugar.
De vuelta al Sichuan chino (diferenciándolo del tibetano) el calor es bastante asfixiante, unos 35 grados y la humedad es muy alta también. Partí temprano a subir la montaña y debo admitir que no la subí entera. Subir montañas no es lo mío, mi estado físico no me acompaña y no le encuentro la gracia a estar tan destruido que ni siquiera disfrutas del paisaje. Pese a ello igual subí bastante y quizás si experimenté la única gracia de subir las montañas que tiene para mí. Esto es satisfacer el ego y decir lo hice cuando llegas a la cima.
No la subí completa pues tomé un bus de acercamiento hasta la mitad de la montaña. Ahí pagué el ticket (nuevamente las entradas a un precio exagerado: 15 mil pesos) y comencé el ascenso. La montaña no se sube por senderos de tierra sino que por empinadas escaleras que siguen distintos caminos los cuales casi nunca continúan planos sino siempre en ascenso o descenso según vayas de subida o bajada. Mi subida a la cima, acompañada de bastantes descansos, duró cerca de cuatro horas. En las dos últimas horas me encontré con un chino que había partido desde cero y llevaba ya cuatro horas subiendo, terminé el ascenso con él. A lo largo de todo el recorrido vas rodeado de un espeso bosque. Al mismo tiempo que se ven pasar y ofrecerte su ayuda, por el correspondiente pago, a los cargadores humanos de personas. Así al igual como cargaban a los reyes del pasado sobre sus hombros, estos usan una sillita sobre la cual más de un chino (no observé ningún occidental) acepta pagar para ser llevados unos metros. Después de todo esta es una sociedad comunista. Ahí están cargando como obreros la revolución sobre sus hombros. Su estado físico es impresionante. Mientras yo respiraba extasiado pidiendo ayuda al Cielo estos trabajadores de la revolución me adelantaban corriendo con alguna gorda sobre sus hombros. Aún más cuando ibas de bajada, eran capaces de seguirte varios metros para ofrecer bajarte y como muchas veces pasaba que no eran tenidos en cuenta, tenían que volver a subir lo que habían bajado.
En la cima llegamos nuevamente al Disneylandia budista. Donde en el pasado había un templo ahora hay una reciente estatua dorada de Guanyin (la diosa budista de la compasión y la misericordia). Esta tiene magnitudes colosales y se encuentra rodeada por otros templos también igual de dorados que abundan en “artículos espirituales” (según dice el letrero con un dibujo de regalo al lado) para su venta, lo cuales por supuesto tienen precios inalcanzables para el piadoso que aquí escribe. Un par de monjes se pasean por el lugar haciendo de Mickey Mouse para que se sienta el aire místico del lugar. Imagínense para mí lo fuerte que fue tener este encuentro luego de venir de todo lo relatado anteriormente en la parte tibetana.
Pese a ello, no se puede negar lo hermoso del lugar. Uno se encuentra realmente sobre las nubes. Hacia donde uno mire desde la cima de la montaña hay un mar de nubes. De hecho el gran atractivo del lugar es quedarse a esperar el amanecer cuando la salida del sol sobre las nubes genera un efecto único sobre estas. Lamentablemente yo llegué muy temprano a la cima, cinco de la tarde, por lo cual quedarse solo hasta esas horas de la mañana me parecía un poco tedioso. Es así como comencé el descenso.
Creo que está parte fue la más entretenida. En un momento había pensado volver en el mismo día al alojamiento, pero luego se fue haciendo de noche y me dí cuenta que no podría llegar ahí en el mismo día. Entonces, mi bajada tenía como objetivo pasar la noche en un lugar denomino “Charca del Baño del Elefante” donde Puxian uno de los discípulos de Buda que llegaron en la leyenda a China bañó a su elefante blanco.
En la mitad del camino me encontré repentinamente con los monos. Estos son de mediana estatura, unos ochenta centímetros de alto, y con largos colmillos. Unos diez saltaban de árbol en árbol e intentaban tomar las bolsas de los peregrinos (son expertos ladrones). Guarde la cámara y continué mi descenso. Durante todas las zonas de monos carteles te sugieren no andar sólo pues los monos algunas veces atacan a los hombres y roban cosas. Yo estaba solo, anocheciendo y todos los grupos iban subiendo y no bajando. A mitad de camino me encuentro con otro grupo de monos. Estos están peleando y uno queda herido. El más grande está en la mitad de las escaleras por donde tengo que pasar. Como siempre los chinos, hombres muy hábiles para el negocio, tienen instalado un puestito que en la zona de monos te vende bambúes para que toques el suelo y con el ruido y el movimiento los espantes. No lo dudo, y compró uno por el precio que sea. Asustó a algunos y sigo mi camino, sin dejar de transpirar un poco mientras pasó al lado del más grande. Por suerte a mitad del sendero me encuentro con una familia china. El padre, la madre, la hija, la amiga de la hija, la tía, y una prima. Son de Chongqing. Junto a ellos hago el descenso hasta que llegamos al monasterio que se encuentra en el “Charco del Baño del Elefante”. Ahí hay dos opciones de alojamiento. Todos muy rudimentarios. Uno en el restaurante del lugar y otro dentro del monasterio. La familia me invita a que alojemos juntos. Aceptó la invitación pero las reglas del lugar son que los precios no pueden ser iguales para extranjeros que para chinos. Luego de regatear un poco prefiero dar un paso al costado y no darle mayores problemas a la familia. Consigo un alojamiento, el más barato en el monasterio, sobre el templo principal de este, con la cabeza de Buda al lado mío. La familia me invita a comer y compartimos una entretenida velada con el resto de la gente del lugar. Debido a que soy el único extranjero de éste soy parte junto a los monos atracción del lugar. Por la mañana quedamos de ver el amanecer a las seis de la mañana.
Son las cinco y media de la madrugada y súbitamente despierto de mi sueño con unas campanas y cantos. Los monjes se han despertado para orar. Así no me queda otra que levantarme a ver esta ceremonia. A las seis de la mañana sobre los tejados los monos se acercan al lugar en busca de alimento. Los chinos, que no tiene mucho concepto del peligro, se acercan en grupos a verlos de cerca, darles comida y sacarles fotos en la cara con flash, ante lo cual naturalmente muchos monos responden con ataques o mostrando sus afilados dientes. Me juntó con mis amigos y vemos el amanecer. Espantamos un par de monos más y emprendemos el descenso.
Si ustedes creen que el descenso es lo muy fácil están equivocados. Al ser sólo escalones los músculos de las piernas poco a poco se empiezan a resentir. Y luego de dos horas tienes bastante dolor, llegando a haber momentos en los cuales prefieres ascender en vez de descender. La familia a mitad del camino me comienza a abandonar, la mamá y la tía no pueden seguir el ritmo, y luego los hijos se le suman. Debido a ello al llegar al monasterio más famosos, para el cual obviamente tienes que pagar una entrada extra a los 15 mil que pagaste antes (la cual en todo caso no pagué al dármelas de que no entendía chino), decidí separarme de la familia para continuar de manera más rápida el descenso. A mitad de camino un río recibió mi primer nado en más de un año ante la mirada atónita de los chinos.
Del final del camino poco más que contar, mientras más cerca del pie de la montaña te encuentras, comienzan a aparecer más y más puestos de comida, ropa y hoteles. Se me había olvidado señalarlo pero no piensen que esta es una montaña para el retiro. Está plagada de turistas y puestos de todo tipo desde el pie de la montaña hasta la cima. Finalmente tras seis horas de bajada me encontraba nuevamente en “Teddy Bear” ahí me tomaría un día completo de descanso. Creo que fue el primeo desde que dejé Chengdu hace unas dos semanas. Mi siguiente destino en la peregrinación budista sería Buda gigante de Leshan.
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