martes, 29 de diciembre de 2009

El querido "Dafo" de Leshan


Luego de Emeishan seguí en mi peregrinaje budista con destino al buda gigante de Leshan. Este es el Buda sentando más grande el mundo, el cual se comenzó a construir en el año 713 y fue terminado casi cien años después durante la época de la dinastía Tang.
Llegar ahí es bastante sencillo desde Emeishan pues está a solamente una hora y es parte del circuito turístico de la región. De hecho hay muchos viajeros que solamente hacen el recorrido por un día y luego vuelven a Emeishan o Chengdu. En mi caso yo seguía de viaje hacia el este por lo cual me quedaba de camino. Es por ello que me fui con todas mis cosas para alojar en la ciudad de Leshan. Apenas llegué dejé mi mochila grande en el terminal de buses pues no quería acarrearla y solamente continué con mi equipaje de mano para dormir una noche en Leshan y luego seguir mi viaje.

La ciudad de Leshan no es fea, pero aparte del Buda Gigante hay poco para ver que valga la pena realmente como para pegarse el viaje, por lo cual inmediatamente partí al Buda Gigante donde esperaba gastar todo el día. Con un calor insoportable de 35 grados y una humedad de un 200 por ciento llegué a la entrada del Buda. Cerca de la entrada algunas estatuas de budas esculpidas dentro de cuevas preanuncian la máxima atracción del lugar. Lamentablemente lo arcilloso del terreno ha llevado a la erosión de muchas de ellas y en algunas sólo se vislumbran sus siluetas.
Siguiendo la escalera, atravesando las infaltables tiendas de souvenirs, se llega al Buda Gigante (Dafo
大佛, como se lo conoce en chino). Lo primero que se ve es su cabeza pues no hay manera de llegar por sus pies a menos que sea en barco, por ello si uno lo quiere ver entero debe descender nuevamente. El lugar está plagado de gente y la cola para verlo es gigantesca y avanza lenta ante un calor insoportable, saco una toalla una y otra vez para sacarme el sudor y es como si no lo hiciera pues vuelvo a transpirar inmediatamente. Me acompaña un indio que conocí ahí. Cuando comienzan las escaleras que llevan por una ladera de Dafo, la situación se vuelve insoportable, pues para la cantidad de gente que hay es una escalera estrecha. Además de esto las chinas sacan sus paraguas en busca de que el sol no broncee su piel y les quite el atractivo. Así entre gente, paraguas y calor la experiencia de ver al Buda sentado más grande del mundo se vuelve realmente difícil. Sin embargo, la emoción no se va y mientras bajas, rodeado por relieves budistas en las murallas, comienza a aparecer toda la magnitud del Buda.
Si ya te habías quedado impresionado al ver su cabeza, más impactante es ver sus manos y pies y verlo completamente sentado ahí. Llego a sus pies y lo contemplo. Es imposible tomarlo entero en una foto pues la plataforma no da la distancia para hacerlo, esto debido a que el Buda queda justo en la ribera del río Min esculpido en las laderas de este. Por lo mismo no se puede ver a los dos guardianes que están a sus costados. Para ello hay que pagar uno de lo barcos que cuestan entre 5000 y 10000 pesos dependiendo de cuanto rato paren frente al Buda y por donde pasen.

Mi primera pasada es bastante rápida pues te obligan a seguir para que no haya un atochamiento de gente. Alcanzo a sacarme las fotos de rigor pero quedo con gusto a poco al tener que verlo tan apurado y con un calor insoportable. Salgo por unas cuevas que te llevan al otro lado del parque del Buda Gigante. Dentro del mismo parque todavía hay un par de cosas que ver, aunque nada que se compare al Buda. Una pagoda, otro parque temático budista y un templo son parte de mi recorrido. Son recién las cuatro y media de la tarde y no tengo nada más que hacer. Entonces tomo la mejor decisión, decido no salir del parque hasta que este cierre (a las 7:30 de la tarde) y quedarme a ver al Buda cuando no haya gente. Hago hora por ahí conversando con algún chino y a las 6 vuelvo al Buda. Ya no hace tanto calor y casi no hay gente. Las escaleras que antes bajé en media hora ahora las desciendo en un minuto.


Todavía quedan algunos turistas chinos a los pies del Buda. Unos letreros en las uñas del Buda piden por favor que no lo toquen ni se suban en él. Basta que salga esto para que no sólo le toquen la uñas sino que se encumbren sobre sus pies de 1.200 años y se saquen fotos sobre ellos. Les enseño el cartel ante mi enojo pero ellos creen que es una broma, deben haber pensado que chistoso el “Lao Wai” (extranjeros en lenguaje coloquial), nos dice algo que nadie señala acá, por lo cual solamente se ríen. Una media hora después se han ido. Son las siete y está atardeciendo, estoy solo frente al Buda sentado más grande del mundo, de 1.200 años de antigüedad. Majestuoso, Da Fo mira el atardecer sobre el río Min como lo ha hecho por los últimos XII siglos. Esta vez un pequeño viajero, con la piel de gallina y el corazón acelerado, del otro lado del mundo le hace compañía mientras el sol señala el fin del día. Agarra su diario de viaje y escribe en su horrible caligrafía que lo ha acompañado toda la vida:

7 de agosto de 2009

“ …No puedo dejar de mirarlo mientras el sol y el día se va, él parece inquebrantable al paso del tiempo, las grandes dinastías del pasado , Tang , Song, Yuan , Ming y Qing pasaron y él continua ahí, 71 metros, sentado apaciblemente, mirando al horizonte sobre la confluencia de dos ríos en la ciudad de Leshan. Alucinante, las palabras se me quedan cortas, una de las construcciones más imponentes que he visto en China”.


Al terminar de escribir esto un guardia del lugar sorprendido de que todavía quede alguien ahí me avisa que ya han cerrado y debo irme, abre nuevamente las puertas de la escalera y me retiro.

martes, 22 de diciembre de 2009

Emei Shan (El monte Emei). Una de la cuatro montañas sagradas budistas



Luego de dieciséis terribles horas de viaje desde Ganzi hasta Kanding, las cuales incluyeron atravesar un río en la mitad del camino y desviarnos por medio de las estepas tibetanas debido a los cortes constante de la ruta, llegué nuevamente a Kanding. Ahí me apresuré a comprar pasajes para mi siguiente destino: Emeishan. Aún en la provincia de Sichuan, esta es una de las cuatro montañas budistas sagradas en China y Patrimonio de la Humanidad desde 1996. Es famosa por sus monasterios y por el banco de nube que se observa desde su cumbre a 3099 metros de altura. Luego de pelear en la boletería del terminal de buses, debido a que nadie hacia la fila, conseguí mis boletos. Dormí una noche nuevamente en Kanding y al día siguiente seguí rumbo hacia la montaña.

A las 8 de la mañana partí a Emeishan. Tras 6 horas de viaje llegué al terminal de buses. Por supuesto, como ya lo sabía según la Loney Planet, la montaña no quedaba a la mitad del pueblo, sino que había que tomar un taxi para llegar hasta ahí. Sin embargo, al intentar obtener un taxi surgió un problema. Los taxistas me decían que ellos no iban hasta allá pues este lugar quedaba muy lejos. Sin entender mucho, volví a la central de información turística del terminal (en chino por supuesto) y ahí me explicaron que era lo que pasaba. Todo había sido un problema del chino y sus caracteres. Yo no estaba en el pueblo de Emei Shan (俄眉山) sino en el pueblo de Meishan (眉山) es decir, ese sonido “E” (que por lo demás en chino significa tener hambre) hacía la diferencia. Para llegar a Emeishan había que tener conciencia de tres lugares distintos. Uno la ciudad de Meishan, a una hora del pueblo de Emeishan a pocos pasos de la montaña del mismo nombre.

Aunque por un momento pensé que estaba en cualquier lugar lejos de la montaña, el problema no era mayor, solamente había que tomar una especie de colectivo junto a otras personas para llegar al lugar. En una hora estaba en el pueblo de Emeishan. Ahí lo primero como siempre cuando se llega a un lugar es buscar alojamiento. Nuevamente en esta tarea sigo a la Lonely Planet. El lugar señalado se llama “Teddy Bear” y es el más recomendado por los mochileros. Por lo mismo obviamente se encuentra repleto y no tengo alojamiento. El dueño del local un chino hippie con colita tipo “Padawan” con un inglés bastante rústico que se nota aprendido a la fuerza debido a tanto extranjero que va al lugar, me ofrece una pieza en un hotel del frente, el cual también pertenece a él. Esta cuesta unos ocho mil pesos (mi alojamiento más caro de este viaje). Luego de tanto caer en el Tíbet en lugares bastante malos acepto pagar esa cantidad de dinero por un buen día de descanso. Esto pensando que al día siguiente me tengo que levantar temprano a subir la montaña.

Esa noche ceno en “Teddy Bear” y Teddy, el chino hippie, me muestra el lugar orgulloso de ver como partió siendo solamente un pequeño restaurante y se convirtió en un hostel de los buenos. Es decir, buenas camas, sábanas limpias, baños limpios, agua caliente, baños occidentales, comida occidental, buena atención, internet gratis y una bodega para dejar tu mochila para que te la cuiden mientras subes la montaña ya sea por un día o dos, hacen de este lugar el mejor campamento base. Tan famoso se ha vuelto el lugar que incluso te venden vasos, jarros, poleras, toallas y sacos de dormir con el nombre y el logo del lugar.

De vuelta al Sichuan chino (diferenciándolo del tibetano) el calor es bastante asfixiante, unos 35 grados y la humedad es muy alta también. Partí temprano a subir la montaña y debo admitir que no la subí entera. Subir montañas no es lo mío, mi estado físico no me acompaña y no le encuentro la gracia a estar tan destruido que ni siquiera disfrutas del paisaje. Pese a ello igual subí bastante y quizás si experimenté la única gracia de subir las montañas que tiene para mí. Esto es satisfacer el ego y decir lo hice cuando llegas a la cima.

No la subí completa pues tomé un bus de acercamiento hasta la mitad de la montaña. Ahí pagué el ticket (nuevamente las entradas a un precio exagerado: 15 mil pesos) y comencé el ascenso. La montaña no se sube por senderos de tierra sino que por empinadas escaleras que siguen distintos caminos los cuales casi nunca continúan planos sino siempre en ascenso o descenso según vayas de subida o bajada. Mi subida a la cima, acompañada de bastantes descansos, duró cerca de cuatro horas. En las dos últimas horas me encontré con un chino que había partido desde cero y llevaba ya cuatro horas subiendo, terminé el ascenso con él. A lo largo de todo el recorrido vas rodeado de un espeso bosque. Al mismo tiempo que se ven pasar y ofrecerte su ayuda, por el correspondiente pago, a los cargadores humanos de personas. Así al igual como cargaban a los reyes del pasado sobre sus hombros, estos usan una sillita sobre la cual más de un chino (no observé ningún occidental) acepta pagar para ser llevados unos metros. Después de todo esta es una sociedad comunista. Ahí están cargando como obreros la revolución sobre sus hombros. Su estado físico es impresionante. Mientras yo respiraba extasiado pidiendo ayuda al Cielo estos trabajadores de la revolución me adelantaban corriendo con alguna gorda sobre sus hombros. Aún más cuando ibas de bajada, eran capaces de seguirte varios metros para ofrecer bajarte y como muchas veces pasaba que no eran tenidos en cuenta, tenían que volver a subir lo que habían bajado.

En la cima llegamos nuevamente al Disneylandia budista. Donde en el pasado había un templo ahora hay una reciente estatua dorada de Guanyin (la diosa budista de la compasión y la misericordia). Esta tiene magnitudes colosales y se encuentra rodeada por otros templos también igual de dorados que abundan en “artículos espirituales” (según dice el letrero con un dibujo de regalo al lado) para su venta, lo cuales por supuesto tienen precios inalcanzables para el piadoso que aquí escribe. Un par de monjes se pasean por el lugar haciendo de Mickey Mouse para que se sienta el aire místico del lugar. Imagínense para mí lo fuerte que fue tener este encuentro luego de venir de todo lo relatado anteriormente en la parte tibetana.

Pese a ello, no se puede negar lo hermoso del lugar. Uno se encuentra realmente sobre las nubes. Hacia donde uno mire desde la cima de la montaña hay un mar de nubes. De hecho el gran atractivo del lugar es quedarse a esperar el amanecer cuando la salida del sol sobre las nubes genera un efecto único sobre estas. Lamentablemente yo llegué muy temprano a la cima, cinco de la tarde, por lo cual quedarse solo hasta esas horas de la mañana me parecía un poco tedioso. Es así como comencé el descenso.

Creo que está parte fue la más entretenida. En un momento había pensado volver en el mismo día al alojamiento, pero luego se fue haciendo de noche y me dí cuenta que no podría llegar ahí en el mismo día. Entonces, mi bajada tenía como objetivo pasar la noche en un lugar denomino “Charca del Baño del Elefante” donde Puxian uno de los discípulos de Buda que llegaron en la leyenda a China bañó a su elefante blanco.

En la mitad del camino me encontré repentinamente con los monos. Estos son de mediana estatura, unos ochenta centímetros de alto, y con largos colmillos. Unos diez saltaban de árbol en árbol e intentaban tomar las bolsas de los peregrinos (son expertos ladrones). Guarde la cámara y continué mi descenso. Durante todas las zonas de monos carteles te sugieren no andar sólo pues los monos algunas veces atacan a los hombres y roban cosas. Yo estaba solo, anocheciendo y todos los grupos iban subiendo y no bajando. A mitad de camino me encuentro con otro grupo de monos. Estos están peleando y uno queda herido. El más grande está en la mitad de las escaleras por donde tengo que pasar. Como siempre los chinos, hombres muy hábiles para el negocio, tienen instalado un puestito que en la zona de monos te vende bambúes para que toques el suelo y con el ruido y el movimiento los espantes. No lo dudo, y compró uno por el precio que sea. Asustó a algunos y sigo mi camino, sin dejar de transpirar un poco mientras pasó al lado del más grande. Por suerte a mitad del sendero me encuentro con una familia china. El padre, la madre, la hija, la amiga de la hija, la tía, y una prima. Son de Chongqing. Junto a ellos hago el descenso hasta que llegamos al monasterio que se encuentra en el “Charco del Baño del Elefante”. Ahí hay dos opciones de alojamiento. Todos muy rudimentarios. Uno en el restaurante del lugar y otro dentro del monasterio. La familia me invita a que alojemos juntos. Aceptó la invitación pero las reglas del lugar son que los precios no pueden ser iguales para extranjeros que para chinos. Luego de regatear un poco prefiero dar un paso al costado y no darle mayores problemas a la familia. Consigo un alojamiento, el más barato en el monasterio, sobre el templo principal de este, con la cabeza de Buda al lado mío. La familia me invita a comer y compartimos una entretenida velada con el resto de la gente del lugar. Debido a que soy el único extranjero de éste soy parte junto a los monos atracción del lugar. Por la mañana quedamos de ver el amanecer a las seis de la mañana.

Son las cinco y media de la madrugada y súbitamente despierto de mi sueño con unas campanas y cantos. Los monjes se han despertado para orar. Así no me queda otra que levantarme a ver esta ceremonia. A las seis de la mañana sobre los tejados los monos se acercan al lugar en busca de alimento. Los chinos, que no tiene mucho concepto del peligro, se acercan en grupos a verlos de cerca, darles comida y sacarles fotos en la cara con flash, ante lo cual naturalmente muchos monos responden con ataques o mostrando sus afilados dientes. Me juntó con mis amigos y vemos el amanecer. Espantamos un par de monos más y emprendemos el descenso.

Si ustedes creen que el descenso es lo muy fácil están equivocados. Al ser sólo escalones los músculos de las piernas poco a poco se empiezan a resentir. Y luego de dos horas tienes bastante dolor, llegando a haber momentos en los cuales prefieres ascender en vez de descender. La familia a mitad del camino me comienza a abandonar, la mamá y la tía no pueden seguir el ritmo, y luego los hijos se le suman. Debido a ello al llegar al monasterio más famosos, para el cual obviamente tienes que pagar una entrada extra a los 15 mil que pagaste antes (la cual en todo caso no pagué al dármelas de que no entendía chino), decidí separarme de la familia para continuar de manera más rápida el descenso. A mitad de camino un río recibió mi primer nado en más de un año ante la mirada atónita de los chinos.

Del final del camino poco más que contar, mientras más cerca del pie de la montaña te encuentras, comienzan a aparecer más y más puestos de comida, ropa y hoteles. Se me había olvidado señalarlo pero no piensen que esta es una montaña para el retiro. Está plagada de turistas y puestos de todo tipo desde el pie de la montaña hasta la cima. Finalmente tras seis horas de bajada me encontraba nuevamente en “Teddy Bear” ahí me tomaría un día completo de descanso. Creo que fue el primeo desde que dejé Chengdu hace unas dos semanas. Mi siguiente destino en la peregrinación budista sería Buda gigante de Leshan.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Reivindicar la historia desde China

Su Che (1039 -1112) funcionario de la dinastía Song del Norte fue un firme defensor de la importancia de la Historia y la función del historiador como juez de las eras. Para él su papel en la sociedad y el gobierno eran de vital importancia. Así lo decía:
“Hay tres autoridades en la tierra: El Cielo, el soberano y los historiadores. Los sabios usan estas tres autoridades para gobernar lo bueno y malo el mundo y se han asistido de ellos…Ahora bien la autoridad del Historiador Oficial es igual que la del Cielo y el soberano. En general estos tres se ayudan mutuamente, así lo bueno y malo del mundo no se puede olvidar”
Luanzhengji yi yingzhao ji (SBCK) (11:10 a-b –CS)

lunes, 14 de diciembre de 2009

El saludo chino

Si usted cree que el saludo en China es nihao demuestra dos posibles respuestas. Una, que usted no ha compartido mucho con los chinos o dos, que usted no es muy perceptivo de lo que pasa a su alrededor. En china no basta sólo con el nihao. Salvo que ande por la calle o quizás no conozca muy bien a otra persona puede ser que con el nihao baste. Pero si ya hay una relación de por medio ya sea de cliente frecuente o amigo al nihao hay que agregarle una pregunta, la cual por lo general lleva una respuesta obvia. Esto es una manera de romper el hielo, por así decirlo, o de simplemente ser más cordial. Obviamente a ratos y cuando uno no anda de muy buen genio puedo resultar un tanto insoportable que te hagan preguntas de respuestas obvias.


Para explicar mejor mi punto les señalaré algunos ejemplos. En la mañana, ya desde que llegué a China, me tuve que acostumbrar a responder la misma pregunta todos los días. Esta me la hacen los porteros del dormitorio y es: ¿Vas a clases? La respuesta naturalmente es sí. Tengo clases de lunes a viernes en la mañana a la misma hora, pero bueno hay que ser educado y decir sí. A las seis o siete de la tarde al pregunta tipo es: ¿Has comido? Esta también se puede decir a la una de la tarde: ¿Has almorzado? Si fuera chino y siguiera los horarios chinos de comer (12 y 5 de la tarde respectivamente, los cuales religiosamente se siguen) las respuesta es obvia. En mi caso en que los horarios varían muchas veces se sorprenden al decirles que no he comido o que acabo de despertar por lo cual mi almuerzo y comida son lo mismo. El último ejemplo que voy a poner es la pregunta tipo de la noche: ¿Has vuelto? Esto te lo preguntan cuando vas entrando al dormitorio. Es decir volviendo pues no puedes estar haciendo otra cosa desde afuera que volver a donde duermes. Es decir, todos los días tengo que decir dui, shide (si) o asentir con la cabeza.


Si usted quiere ser educado en China es mejor que recuerde hacer estas preguntas por obvias que parezcan. Al mismo tiempo intente no irritarse cuando le preguntan cosas de respuestas obvias (en ese intento estamos). No vaya a decir la clásica respuesta chilena de: “no huev…si estoy levantándome a las 6 de la mañana porque me gusta”.


La permanencia histórica del saludo chino


Investigando para un ensayo que tengo que hacer en un ramo de la universidad y a la vez pensando acerca de este artículo me encontré con una grata sorpresa. Gaspar da Cruz fraile dominico portugués, quién visitó China por unos meses en el año 1556 ya había observado este compartimiento en esos tiempos lejanos y se refería a esto en la siguiente forma:

“Los chinos son muy corteses. El saludo acostumbrado es que con la mano izquierda cerrada la toman en la derecha y mueven amabas arriba y abajo repetidamente hacia el pecho[1], dando con ello muestra de que el saludado y él que saluda se tienen mutuamente en el corazón; y a estos movimientos de las manos suman palabras corteses, aunque las que más suelen decir son chifa mesao (esto en verdad es chifan meiyou?), lo cual vale ¿Habéis comido o no?, pues todo lo bueno de este mundo acaba en comer”



[1] Este es el típico saludo chino que se pueden ver en las películas acerca de la China de las dinastías, hoy en día no se usa. Tampoco se usa mucho el gesto de agachar la cabeza. Eso si lo hacen coreanos y japoneses. En los chinos es pocas veces visto.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Sichuan tibetano segunda parte: Ganzi y Dege


Ganzi

El destino siguiente del viaje por las alturas tibetanas de Sichuan fue la ciudad de Ganzi. Para llegar ahí tuve que hacer un buen acuerdo con el conductor de una minivan para usar el puesto de copiloto y así evitar irme atrás con seis pasajeros más y sus equipajes. Este pueblo se ubica al noroeste de Litang a unas 7 horas de viaje. A lo largo del camino innumerables monasterios y stupas blancas se pueden observar mientras se avanza por zonas de bosques. Al contrario del camino hacia Litang en este recorrido no hubo mayores problemas con las condiciones del camino, además de esto el clima acompañó sin lluvias de por medio. Construida en un valle de 3.800 metros de altura y rodeada por los gigantescos picos del Monte Chola, es la capital de la Prefectura Autónoma de Ganzi (Garze) y se encuentra principalmente poblada por tibetanos. Su gran atractivo son las vistas del valle y el valle en si mismo donde se puede apreciar de cerca la agricultura tibetana de la zona.

El templo principal de la ciudad, de más de quinientos años, aunque muy reconstruido en ciertas partes, al igual que en Litang se encuentra ubicado al norte y vigila desde un monte a la ciudad. A lo lejos sobre otro monte situado hacia el sur de la ciudad también se puede observar otro monasterio. En el monasterio principal viven unos quinientos monjes entre monjes mayores y estudiantes. Lamentablemente el día que recorrí el templo era un día feriado para los monjes, algo así como lunes de los museos chilenos, sin embargo eso no impide que se pueda recorrer libremente el lugar y conversar con los pocos monjes que están ahí ese día, en mi recorrido dos niños tibetanos me hicieron de guías tanto por el monasterio como por la ciudad antigua que se encuentra inmediatamente a sus pies. Las vistas desde las alturas del templo son maravillosas y si no fuera por el inmenso puesto militar, el cual un monje me lo señaló, que se encuentra también a sus pies el paisaje se disfrutaría con mayor calma, sólo mencionaré que tuve una interesante conversación con uno de sus ocupantes que me preguntó porque iba a visitar el templo, puro interés histórico le dije y pareció dejarlo tranquilo eso.

En la ciudad al igual que en Litang el comercio callejero es extenso y se pueden comprar todo tipo de mercancías incluidas por supuesto artesanía tibetana. Además de ello, como en ninguna otra ciudad visitada los lamas mendigan por las calles con sus trajes gastados en busca de dinero. Se meten a los restaurantes en busca de limosna y pueden permanecer cinco minutos o más frente a ti esperando que les des un yuan (80 pesos). Debo admitir que a ratos esto puede resultar agotador.

Los días en Ganzi los gasté recorriendo el campo tibetano y conversando con uno que otro campesino o monje que se encuentran desperdigados por las zonas de cultivo entre pagodas y pequeños templos que aparecen en los caminos. También conocí a un dueño de un restaurante del cual me hice cliente común el cual tuvo la gentileza de regalarme la comida el último día. Este gesto luego de viajar tanto en China y de ver como negocian contigo sobretodo en los lugares turísticos es algo más que destacable y rara vez pasa entre vendedor y cliente aunque muy común entre amigos. Creo que él vio la relación como esto último.

Una historia de terror en Ganzi

El día que solamente dormí en Ganzi para luego continuar viaje rumbo a Dege me alojé en el primer alojamiento que encontré, este me fue recomendado por el conductor de mi minivan y quedaba ubicado en la misma estación de minivanes. El lugar era un alojamiento muy simple. 2000 pesos la pieza con tres camas, 3000 con dos y 4000 la pieza sola. Los baños del terror como lo señalé en un artículo anterior, mixtos y de condiciones higiénicas dudosas. Además de ser completamente públicos: sin puerta. Por miserable pagué la pieza compartida de dos personas. Hasta las 10 de la noche estaba todo bien pues no había llegado otro pasajero. Pero tipo 10 y media entra un nuevo residente. Mi nuevo compañero de pieza era un tibetano de unos 25 años, venia desde Lhasa y se había comprado ahí un par de nuevas ropas occidentales las cuales se probaba mientras conversaba conmigo o tratábamos de eso debido a nuestros pobres mandarines. Hasta ahí todo bien. El terror comienza cuando saca un cuchillo especie de machete tibetano de unos 40 centímetros, el cual muchos llevan consigo, y comienza a verlo y probar su filo. Luego se me ocurre preguntarle que fue a hacer a Lhasa. Me dice que fue a rezar (que tranquilidad pienso, un seguidor del Dalai Lama) pero luego la situación cambia drásticamente cuando me dice que fue a ver a su hermano a la cárcel del Lasha pues está preso ahí por pegarle un machetazo en la cabeza a un hombre y obviamente darle muerte. Pienso en ese momento para mis adentros: “Tranquilo José, es el hermano no él, no todos son iguales. Tu hermano estudia derecho y tú estudiaste historia”. Sin embargo, la imagen de la daga es demasiado fuerte para mi mente en ese lejano lugar muy lejos de cualquiera de las grandes urbes Chinas a exactamente unas 50 horas de Shanghai en tren… Esa noche no quedó otra que dormir como los delfines con un ojo abierto y otro cerrado y tratar de dormir lo que fuera para luego salir rumbo a Dege. A la mañana siguiente abrí un ojo y me fui.


Dege y la imprenta tibetana más grande del mundo.

Ganzi, pese a ser una locación muy atractiva, la mayoría de los turistas, lo cuales aún son pocos, usan esta ciudad como puesto de paso para seguir rumbo a la ciudad de Dege. En mi caso el primer día fue igual, pues solamente alojé una noche ahí (la noche del terror) y luego continué rumbo a Dege, para luego a la vuelta visitar bien ganzi. En el seno de un valle con el monte Chola al este y la frontera del Tíbet al oeste a sólo 28 kilómetros, Dege vive anclado en la tradición, sin otra referencia que las de los camioneros y los escasos viajeros que pasan por la población. A pesar de que la influencia china es evidente en los edificios modernos, con cubiertas de tejas, la población es mayoritariamente tibetana y la presencia militar que podría esperarse en un lugar tan cercano a la frontera es escasa en el interior de la ciudad comparada con otras ciudades (por ejemplo Litang y sobre todo Ganzi ).

Para llegar a Dege hay que recorrer un arduo camino. En la ruta se pasa por los picos nevados del monte Chola que alcanzan los 6.168 metros y el glaciar Xinhua, que desciende prácticamente hasta el límite de la carretera a 4.100 metros de altitud. El propio monte Chola fue escalado por primera vez en 1998, y a ratos uno se pregunta si la minivan quiere repetir la hazaña. Al llegar al puerto Tro La, de casi 6.000 metros de altura los viajeros tibetanos lanzan plegarias en papel hacia el cielo con la esperanza de que el viaje continúe seguro. Luego de haber visto más de un par de autos volcados a mitad de camino también lanzo plegarias al cielo las cuales para mi alegría rinden frutos pues llego sano y salvo a Dege.

La ciudad de Dege en comparación con Litang y Ganzi no es tan hermosa ni tradicional pero tiene un tesoro de invaluable valor. Este es la Lamasería e imprenta de Bakong. Este edificio construido en 1744 alberga según se cree el 70% del legado cultural del Tíbet. Esta herencia cultural se encuentra acumulada en los más de doscientas diecisiete mil moldes de madera, algunos los cuales datan del siglo XVIII, que posee la imprenta. En ellos se encuentran textos de las cincos ramas del budismo tibetano, incluida la bön (ver artículo acerca de Litang), los cuales abarcan tratados de música, astronomía, geografía, medicina y textos clásicos del budismo. Entre las joyas aquí guardadas se guarda una historia del budismo indio compuesta por 555 tablas de madera (escritas en hindi, sánscrito y tibetano), la cual es la única copia que se conserva en el mundo. En consecuencia a lo antes dicho esta lamasería construida durante la dinastía Qing está considerada como una de las tres lamaserías tibetanas más importantes (junto con el monasterio de Sakya y el palacio de Potala en Lhasa).

En su interior centenares de trabajadores producen manualmente más de dos mil quinientas copias diarias. Se pueden observar el curioso espectáculo de la tinta, los papeles y cepillos moviéndose a una velocidad asombrosa en las manos de los operarios. En el segundo piso, trabajadores de más edad elaboran reproducciones de mayor tamaño de dioses tibetanos, sobre papel y telas de colores, destinadas a ondear como banderas de plegarias en las colinas y en los templos.

También se puede visitar la “biblioteca de madera” donde están almacenados los moldes de dicho material. Las paredes están cubiertas de “libros de maderas” desde el suelo hasta el techo. ¡Que ganas de leer tibetano! De manera extraña en este lugar de Sichuan se paga entrada para entrar, pero el precio bien vale la pena por lo que se ve, mucho más que en otros lugares donde se paga por ver disneylandia budistas del siglo XXI. Sólo me queda realmente esperar que esos dineros lleguen para la conservación de este extraordinario lugar que se salvó de la Revolución Cultural.

Después de Dege el camino me llevaría por los mismo lugares antes mencionados, Ganzi, Litang y Kanding desde donde volvería a entrar al mundo chino, atrás quedaba el mundo tibetano, inolvidable experiencia, que me dejaron sólo con una idea en la cabeza: volver en algún momento. De que va, va…