lunes 4 de enero de 2010

Fernando González en el Master de Shanghai


¡Estoy llorando!
Fernando Solabarrieta,
Juegos Olímpicos de Atenas.

Hoy intentaré emular a nuestros queridos periodistas deportivos con una crónica llena de emotividad y nacionalismo.

Hasta el año pasado se realizaba en Shanghai el torneo de Maestros donde jugaban los mejores ocho jugadores del año. Lamentablemente el 2008 Fernando González no pudo clasificar por lo cual no tuve la oportunidad de verlo. Sin embargo, la vida te da otras oportunidades y este año el torneo de Maestros se trasladó a Londres y él de Shanghai pasó a ser un torneo de los “Master Mil”, estos son lo ex “Súper Nueve” es decir, los mejores torneos luego de los Grand Slam. Es por ello que cuando supe que éste se iba a realizar inmediatamente compré, no una, sino que cuatro entradas con la intención de ver a Fernando González y también de paso a Roger Federer. De esta forma con cuatro días me aseguraba sí o sí verlos. Por desgracia Federer aquejado de una lesión, o simplemente sin querer jugar luego de haberlo ganado todo, no estuvo presente. Las entradas eran un chiste de barato para el espectáculo ofrecido. Por ser estudiante tenías un descuento y sólo costaban cinco mil pesos cada entrada. Por ella podías ver, como a mi me tocó, en el mismo día a Nadal, Djokovic, Del Potro, Davydenko, Tsonga, Sölderling y González; por nombrar a los tenistas ubicados dentro de los quince primeros del mundo. Por cinco mil pesos sería un sueño en Chile ver jugar a todos esos jugadores y en un estadio que ya quisiéramos tener.

Mi emoción por ver a González no solamente se debe al hecho que sea chileno y que los chilenos seamos bien nacionalistas por nuestros deportistas ("la escasez hace al fanático", podría ser el dicho), sino también debido a mi admiración meramente deportiva y profesional por lo que ha sido su carrera deportiva. Venido de un país donde las políticas deportivas no existen, hecho a punta del esfuerzo suyo y de su familia, ha logrado mantenerse en la elite de uno de los deportes más profesionales, competitivos y populares del mundo por a lo menos los últimos cuatro años (ha terminado entre los quince primeros del Ranking ATP). Además de notables participaciones en los juegos Olímpicos. Es decir, ha sido por lejos el mejor deportista chileno de los últimos cinco años. Mi admiración por González además se debe a que pocas veces he visto a un tipo con tantos “huevos” en la cancha. No creo que a nadie del circuito le guste encontrarse con González. Salvo algunas contadas ocasiones en que su genio lo traiciona (pero lo puedo perdonar por eso pues sé por experiencia propia como jugar tenis te hace ofuscarte muy seguido), con él hay que terminar de jugar el último punto para sentirte ganador. No recuerdo cuantos partidos ha dado vuelta en desventaja pero sin duda mucho más que un par. (Se me viene a la cabeza la final de dobles de los juegos olímpicos con Massu donde levantaron creo que seis o cinco puntos de partido y terminaron ganando)

Como último dato para la estadística, creo que va a ser por un largo tiempo el único chileno que pueda decir que le ganó al mejor jugador de todos los tiempos. Esto el día que derrotó a Federer justamente en el Master de Shanghai el 2007, obtuvo una historia de aquellas para contarles a los nietos.

Me he dado cuenta con el tiempo fuera del país, que el chileno tiene problemas de fanatismo y nacionalismo con ciertas cosas. Entre otras, nuestro día nacional el “18” incomprendido por la mayoría de los extranjeros acá. El entusiasmo deportivo por ciertos deportes también es extraño. Nuevamente la escasez hace el fanatismo. Aparte del deporte rey y el “más hermoso del mundo”, el tenis ha llegado a encumbrar alto en la sociedad chilena, merced de una no despreciable cantidad de buenos exponentes a lo largo de la historia y sobre todo debido a los últimos 10 años por la aparición de los dos más grandes tenistas de nuestra historia, el mismo González y Ríos, seguidos por otro de los mejores de nuestra historia, Nicolás Massú. Esto ha llevado a que por más lejano que sea el lugar siempre aparezca un chileno con bandera y gritando en apoyo de uno de los tenistas en alguno de los lugares más remotos de la Tierra. En este caso no fue la diferencia.

El nacionalismo y fanatismo deportivo chileno siempre lo he tenido en lo que se refiere al tenis y el fútbol. En el tenis se me pegó en la época del Chino Ríos cuando más de un sagrada mañana de fin de semana me desperté a verlo o en alguna clase de ciencias duras siguiendo el partido por radio, con un grito de todos cada vez que ganaba un punto, el profesor nos quitaba los personal stereos.

Además de este fanatismo chileno, cuando uno está en China parte del sueño de Bolívar se cumple, y hay una especie de amistad latinoamericana. La cual se debe, sin duda al hecho del sentirse lejos de casa y con un mundo que tiene tan poco en común. Esto hace que la cercanía cultural lleve a establecer cierta “hermandad”. Así, el día anterior al partido de González viendo otros partidos conocí a un pareja Boliviana, lo cuales inmediatamente me invitaron a sentarme con ellos y ver el partido juntos, cuando les dije que era chileno lo primero que me dijeron no fue “nos quitaron el mar” o “devuélvannos el mar” sino “¡Mañana juega González venimos de todas maneras a hacerle barra!” Luego conocí a unos colombianos y mexicanos que me repetían exactamente lo mismo. La colombiana en tanto me decía que no me preocupara por la barra que seguro venían chilenos. Ella había venido el año pasado y recordaba que habían llegado unos cincuenta con banderas y por supuesto recordaba el “chi chi le le”. Afuera mientras comía algo, un chino me dice lo mismo acerca de los gritos y banderas, él los había visto cuando González derrotó a Federer.

Llegó el día del partido y yo me sentía como cuando tocaba Charly Garcia en Chile, hiperventilado y nervioso por llegar a la hora, imposible hablar de otra cosa, contando los minutos para que llegara la hora del concierto, en este caso del partido. Llegué al primer partido que ni siquiera recuerdo de quién era. A lo largo de ese partido comienzan a llegar los chilenos y se empiezan a colgar banderas ante la mirada atónita de los chinos. Como dato aparte, los chinos deben de haber estado muy impactados pues en general los que hinchan por Nadal u otros con poleras y banderas del país correspondiente no son ni españoles ni de los países del tenista sino chinos. Así, en el caso de Del Potro por ejemplo, sólo observé chinos apoyando.

Volviendo al partido, a González le tocó justo uno complicado, contra Davydenko a quién nunca había vencido (record de 9-0) pero uno siempre tiene la esperanza de que esta vez si que se le gana.

Salen los animadores y presentan a González, aparece en la cancha e inmediatamente salen los “Chi Chi Chi le le” y los gritos de ¡¡¡Vamos Huevón!!!, González nos ve a todos los chilenos y saluda. Viene Davydenko, ningún ruso de la gran colonia rusa en Shanghai está presente. Al mismo tiempo que salen los jugadores comienza el chileno - desagradable ambiente de Copa Davis, entre los aplausos del público se escucha los ¡¡¡buuuu!!! provenientes de la barra chilena cuando sale el ruso. A lo largo del partido se escuchan los “chi chi lele”, “los mijitos rico”, “vamos huevón” y el huevón pa arriba y para abajo, más de alguno le saca una sonrisa a González. Nuestro tenista empieza mal pierde 6-4 el primer set y no se ve por donde, el ruso pega y corre como condenado. Entonces nuevamente el sentimiento de Copa Davis aparece, se escuchan los gritos de “pelao” y “stolichnaya” dirigidos al ruso con la intención de, supongo yo, desconcentrarlo. Pero esta vez no hay vuelta González pierde la paciencia tira la raqueta y comienza a alegar por cualquier cosa, el genio le ganó. Pierde 6-4 el segundo set y su décimo partido contra el ruso. Sin embargo, tan lejos de casa el chaqueteo se olvida, nada de “no lo veo más” ni “el hueón malo” aquí sólo aplausos para González y pese a su enojo el tenista nacional se despide de la barra. Cuando vamos a ver si lo podemos ver en camarines, nos dicen que ya se ha ido apenas perdió, después de todo no le gusta perder. (Es colocolino por lo demás)