La tercera clase es el asiento blando. Esta modalidad no siempre existe. Así, en general sólo está disponible para viajes de menos de cuatro horas. Yo sólo lo he usado para ir a Nanjing y Suzhou en trenes rápidos que llegan a los 300 kilómetros por hora. Son muy cómodos y se podría viajar perfectamente unas diez horas en ellos. Son reclinables y realmente blandos.
La cuarta y quinta clase se encuentran relacionadas pues comparten los mismos vagones. La quinta no es una clase oficial pero existe. Esta es la de viajar de pie. En general cuesta un poco menos que el asiento duro y la gente lo usa cuando no queda otra pues se agotaron los asientos, algo bastante común en muchas importantes fechas chinas.
Yo nunca he viajado en ella pero he conocido bastantes occidentales que lo han tomado por necesidad y han realizado viajes de 24 horas en ellos. Dios los tenga en su reino.
Durante el viaje del verano fue mi primera experiencia de larga duración con el asiento duro (antes había tenido una pero solamente de una hora). No fue mi elección tenerla. Tampoco fue por ahorrar dinero sino que la gran demanda por pasajes me dejó sin otra opción. Cuando suceden estas cosas es que uno realmente dimensiona que vive en un país de 1.300 millones de habitantes. En Xi’an estuve 6 días y ya el primer día partí a comprar pasajes para Beijing en cama dura. Sin embargo, estos ya estaban agotados. Imaginen ustedes que Beijing es la capital del país y a diario hay un servicio de diez trenes hacia esta ciudad. Sin querer esperar más en Xi`an compré los pasajes en asiento duro (el blando no existía). Después de todo no podía ser tan terrible. Son más menos doce horas, lo que uno tarda de Santiago a Valdivia en bus, un viaje que yo ya he realizado varias veces.
El vagón del asiento duro corresponde a lo siguiente. Los asientos vienen de a tres pegados y puestos de frente. Es decir, imposible estirar las piernas o evitar el contacto visual con los demás pasajeros pues estos te ven de frente y tus piernas se topan con las de ellos. Los asientos no se reclinan en ninguna forma y están puestos en 90 grados. No son tan duros como una tabla pero tampoco tan blando como un buen asiento. Si tienes muy mala suerte te puede tocar el asiento del medio lo que significa que estarás rodeado de gente a los lados y al frente. Esto llevará a que cuando quieras dormir, donde sea que te apoyes te terminaras topando con tus compañeros de viaje.
Yo nunca he tenido tan mala suerte. Las otras opciones de asiento son cosa de gusto. Una opción es tener la ventana. Puedes ver el paisaje, al menos el rato en que es de día (yo viajé de noche) y puedes sentir una especie de alivio y libertad al poder ver hacia afuera. Además puedes intentar apoyarte contra la ventana para dormir o en su defecto apoyarte en la una mesa que solamente da a esos puestos. La otra alternativa es la de obtener el asiento más cerca del pasillo. La ventaja de este es que puedes estirar un poco las piernas en el pasillo y tienes mayor libertad para ponerte de pie cuando quieres descansar la espalda de los 90 desagradables grados del asiento.
Como ya antes lo señalaba la quinta clases es la de los parados. Comparte los vagones con la de los asientos duros. Dependiendo de la demanda, los pasillos pueden estar completamente llenos de gente sentada en el suelo o incluso tendidos debajo de los asientos. Si se quiere salir a dar un vuelta hay que tener cuidado con no pisar alguna cabeza. Cuando se pasa de un vagón a otro se hace difícil el paso pues en sus uniones se encuentran plagadas de gente que llegó muy temprano y corrió incluso para tomarse esos lugares. Estos se encuentran cercanos a los baños y el olor que hay en esa parte se torna insoportable.
Para que el viaje se me hiciera lo más rápido posible me dediqué por un buen rato a conversar con mis acompañantes. Sin embargo, a eso de las dos de la mañana cansado, acalorado y ahogado (el aire acondicionado no funcionaba) mi cerebro se comenzó a resentir de estar pensando en chino y necesitaba un descanso. Yo estaba esperando que apagaran las luces para dormir. Ahí me dí cuenta que había sido muy iluso. Las luces no se apagaban en toda la noche. 12 horas con la luz prendida, sentado en 90 grados y sin poder estirar las piernas. Veo a mi alrededor y no sé como lo hacen pero los chinos son capaces de dormir de cualquier forma en las más extrañas posiciones algunos, incluso parados. Mi compañero del lado se me cae a mitad de la noche en mi hombro. Dichoso él, dormirá al menos por cinco horas. Por mi parte logró conciliar el sueño por diez minutos y luego abruptamente despierto ante el dolor de cuello o espalda que me aqueja. Eso se repetirá por unas dos horas más. Finalmente llegó a mi destino: Beijing. Me prometo a mi mismo comprar los boletos de vuelta a Shanghai apenas llegue para no tener que viajar en asiento duro de nuevo. No lo haré y tendré que repetir la travesía en quince días más rumbo a mi casa.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada